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EL PAS DEBER CONCENTRAR SUS ESFUERZOS EN LOS MERCADOS EMERGENTES, MS DINMICOS EN LA DEMANDA

Dejar atrs el mapa del Siglo XX para pensar nuevas relaciones comerciales

Por: Guillermo Gammacurta

El terremoto que comenzó en 2008 con el derrumbe de Lehman Brothers aún no detiene las réplicas sobre la economía mundial. El orden internacional, se va trastocando con la irrupción al consumo de millones de habitantes que ingresan a la clase media en países emergentes, que con economías dinámicas y vigorosas se abren paso en el nuevo panorama económico y político global.

La Argentina, bastante lejos de aquellos dorados años del "granero del mundo", en el que las exportaciones de productos primarios se traducían en divisas frescas, ha tenido en los últimos 10 años un comportamiento dispar en cuanto a su inserción internacional, debido al frente externo pero también a la propia impericia que fue socavando la competitividad de las empresas locales.

Con una agenda internacional pública-privada que fija el 2025 como punto de llegada para varias ambiciosas metas tanto económicas como sociales, la Argentina navega entre planes estratégicos gubernamentales y proyecciones empresarias que buscan un punto de equilibrio en el diálogo social impulsado desde la Casa Rosada, que sigue siendo mirado de reojo por varios dirigentes que se sientan a la mesa con más reclamos que propuestas.

En lo que va de la era patagónica en el Gobierno, el país registró un fuerte incremento de las exportaciones medida en valores, con un aumento del 172% entre 2003 y 2012. Pero aquí conviene empezar a hacer algunas salvedades, como para comprender cuál es el escenario que la Argentina tiene por delante. Sucede que en el período analizado, el 58% del crecimiento de las exportaciones está explicado por mejores precios, y el 42% restante por mayores volúmenes, obviamente empujados por los muy buenos precios internacionales de los productos primarios a partir de 2003. Pero además, la presencia de factores endógenos que afectan el comercio internacional argentino, queda evidenciado al analizar las exportaciones comparadas en América latina, donde la expansión del 172% de nuestro país queda en un modestísimo 10º lugar (ver recuadro).

En 10 años, las exportaciones por grandes rubros han sufrido algunas variaciones en la participación sobre el total. Las ventas de Manufacturas de origen agropecuario (MOA) pasaron de un 33% sobre el total en 2003, a un 34% en 2012; en cambio las Manufacturas de origen industrial (MOI) registraron un crecimiento de 7 puntos hasta un 34% del total (ver recuadro), con un impacto vital de la industria automotriz y de los biocombustibles. De hecho, estas variaciones, no se traducen en un cambio sustancial en el mapa productivo pese a la insistencia del Gobierno en la necesidad de generar mayor valor agregado en la industria. "El componente industrial exportador, no tiene demasiada modificación, incluso comparado con hace 10 años. De hecho, si uno mira los dos grandes nuevos productos exportados por la Argentina en 10 años, uno es biocombustibles y el otro es la minería, son los dos productos que antes no se exportaban y hoy sí. En los demás lo que ha habido es una diferencia en la tasa de crecimiento pero no una irrupción de un sector que antes no existía o una modificación de la matriz tanto en los productos de origen agropecuario como de origen industrial", explicó Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI).

DESTINO

Espasmódicos. Así parecieron los movimientos en la política comercial que en buena parte estuvo bajo la conducción de Guillermo Moreno, ahora eyectado del equipo económico, quien armó misiones comerciales más parecidas a "Saladitas" del conurbano que a inserciones pensadas en el mediano y largo plazo. Pero en tiempos en donde es más fácil hacer leña del exsecretario de Comercio, hay que reconocerle que su idea de acercarse a mercados no tradicionales trasluce una visión estratégica interesante pero que evidenció un accionar táctico deficiente. Llenar un avión de empresarios provenientes de diversos rubros y desembarcar en nuevas tierras, parece no alcanzar para generar negocios. Desde que se realizaron las misiones comerciales a esos mercados poco o no explotados, las ventas argentinas han caído o han subido de forma moderada. Por caso, en los primeros nueves meses de este año, las exportaciones a Angola cayeron un 29%, a Indonesia un 23% y a Azerbaiján un 29%, mientras que a Armenia subieron un 4%. La excepción es Vietnam con un crecimiento de 47%.

"Lo que se tiene que plantear en estos escenarios, con el cambio de estrategia, no son sucesos sino procesos. Inteligencia de mercado, asistencia técnica a las empresas, establecer arquitecturas de vínculos estables, constantes y sistemáticos con los actores locales e insertarse en cadenas de producción y comercialización en esos mercados, pero eso lleva tiempo, hay que hacer inversiones, tener aliados y luego comerciar. Eso requiere un esfuerzo y una sofisticación distinta de la mera organización de una misión que va en un avión, está dos días y vuelve", analizó Elizondo respecto de las misiones comerciales a mercados emergentes.


ATLAS

Desde 2008, los principales compradores de mercancías argentinas son Brasil, China, Chile, Estados Unidos, España, Venezuela y Holanda, quienes en conjunto se quedan con el 45% de las exportaciones. Sin embargo, hay un dato central: al ver la dinámica de las ventas externas, se puede observar que las exportaciones argentinas están creciendo a mayor ritmo a otros mercados y no a esas siete naciones. El país al cual más crecen las exportaciones argentinas en los últimos cuatro años es Canadá por el impacto de la actividad minera, porque las explotaciones canadienses exportan los minerales para procesarlos en suelo norteamericano. Y luego vienen una serie de países asiáticos como Indonesia y Malasia, también emergentes como Qatar y Filipinas, y muchos países latinoamericanos como Perú y Colombia.

Consultado Elizondo sobre hacia dónde tiene que focalizar la Argentina sus energías, el titular de DNI sostuvo que el futuro está "en los países que se muestran más dinámicos en la recepción de exportaciones en los últimos años. Sobre todo después de la modificada configuración mundial que surge tras la crisis internacional que es el mundo emergente: Latinoamérica, Asia Pacífico y algunos países africanos. Si uno mira los 50 países cuyo PBI más han crecido en el mundo a partir de la crisis internacional en los últimos cuatro años, la Argentina tiene embajada sólo en 12 naciones porque todavía el mapa de política pública de la Argentina es el mapa del Siglo XX, diría que es el mapa de la posguerra".

En ese nuevo escenario, con un mundo cada vez más demandante de productos primarios, la industria de alimentos y bebidas argentina tiene por delante el desafío de fortalecer su presencia internacional. El año pasado este sector exportó por u$s 28.000 millones, lo que representó el 34,5% de las exportaciones totales del país y un 50,7% del total exportado por la industria manufacturera. Daniel Funes de Rioja, presidente de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL) enumeró cuáles considera que son los destinos que la Argentina debe enfocar: "Tenemos una presencia relevante en Brasil que no podemos perder; en segundo lugar está Europa, que es un mercado natural; en tercera posición el mercado asiático, al que no hemos entrado sólo con commodities sino con producción; en cuarto lugar el norte de África, donde los países están demandando con distinta intensidad pero con muchas posibilidades de expansión y por último la región del Pacífico".

Así como hace tiempo el Gobierno se prohibía hablar de inflación, desde que asumió como jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, ha repetido la necesidad de aumentar las inversiones y el financiamiento productivo, en un "blanqueo" de otro problema estructural que ahora el nuevo equipo económico promete corregir. Lejos de las fértiles condiciones del año 2003, que con políticas expansivas posibilitaron un rápido crecimiento de las exportaciones, la Argentina se encuentra ante el desafío de llevar adelante una estrategia de inserción en donde el componente valor supere al impacto que tuvo el componente precio entre 2003 y 2008.

En un mundo ávido de recursos, Elizondo consideró que la Argentina debe focalizarse en los tres grandes flujos de comercio con el mundo emergente que hoy son alimentos, energía y minería. "El país -continuó- está en condiciones de revertir el escenario de las exportaciones pero tiene que modificar tres aspectos: fronteras adentro, con más inversión, estabilidad, previsibilidad y simplicidad; en la frontera, con menores regulaciones, y fronteras afuera, con negociaciones para insertarse en mercados a partir de destrabar determinadas restricciones que otros países nos ponen".

En ese sentido, si se aplican las correcciones, Funes de Rioja mostró optimismo en cuento a las proyecciones de las exportaciones del segmento productivo que él representa hacia 2020: "Si uno analiza la industria de bebidas y alimentos en la Argentina, aparece, tanto a nivel local como externo, como uno de los sectores más pujantes, lo cual permite imaginar que el país podría duplicar sus exportaciones de alimentos en menos de 10 años y alimentar a 650 millones de personas".


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