Hace poco tuve el honor de estar invitado a participar de la conferencia Techonomy donde David Kirkpatrick (autor de "El efecto Facebook") invita a tecnólogos políticos y economistas de todo el mundo a hablar sobre el futuro de la economía y la tecnología. Allí surgió una frase que captó mi atención: "Nuestros líderes deben pensar más como tecnólogos."
Hoy en día, la salud de las empresas, gobiernos o instituciones dependen del grado en que sus líderes puedan entender y abrazar los cambios, nuevos conceptos y revoluciones que traen las nuevas tecnologías. Aquellos que no lo hagan van a estar en una enorme inferioridad de condiciones.
Cada año nuevas tecnologías disruptivas tienen potencial de generar cambios en la economía del mundo. Ya sea por su bajo costo o por su alcance. Para entender mejor la tecnología de hoy, debemos interpretarla usando un nuevo paradigma. Hoy por primera vez desde la revolución industrial, la tecnología y el capital han dejado de reemplazar trabajadores mediante la automatización de procesos y comienza a habilitar a estos trabajadores a conectarse, entender mejor a su entorno, colaborar, tomar mejores decisiones, en esencia a aumentar su potencial.
Entender este nuevo paradigma es lo que va a cambiar el uso de la tecnología en el liderazgo político o empresarial. De ser una herramienta "linda para tener" y utilizada sólo para eficientizar procesos debe pasar a ser un medio primordial de gestión, de colaboración y una herramienta que nos permita habilitar a nuestros colaboradores, delegar de una manera distinta y entender más rápido el mundo que nos rodea.