Deshumanización. Crisis. Consumismo. Exclusión. Fetichismo. Esas son algunas de las palabras que utilizó el papa Francisco para describir los desafíos del mundo actual, en el plano económico y social, publicados en la primera exhortación apostólica titulada "La alegría del Evangelio". En el Capítulo II, "En la crisis del compromiso humanitario", de ese documento de 147 páginas detalla padecimientos de las sociedades por efectos del nuevo orden financiero mundial y carga contra "el fetichismo del dinero y la dictadura de la economía". Aquí, un repaso por sus postulados y concejos más destacados de un Pontífice que está llamado a influir en las decisiones más trascendentes a nivel global.
"Si algunas realidades del presente no son bien resueltas, pueden desencadenar procesos de deshumanización difíciles de revertir más adelante".
"Así como el mandamiento de 'no matar' pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir 'no a una economía de la exclusión y la inequidad'. Esa economía mata".
"No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la Bolsa. Eso es exclusión".
"Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del "'descarte'".
"La teoría del 'derrame' expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando".
"La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano!".
"La adoración del antiguo becerro de oro ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano".
"La crisis mundial, que afecta a las finanzas y a la economía, pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo".
"Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común".
"La deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A lo que se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales".
"En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta".
"Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos, será imposible erradicar la violencia".
"Los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del consumo, pero resulta que el consumismo desenfrenado unido a la inequidad es doblemente dañino del tejido social".
"Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro, sin ignorar, por supuesto, la especificidad de cada contexto. ¡El dinero debe servir y no gobernar!".
"Exhorto (a los ricos) a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano".